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Estudio de Artes Escénicas y Audiovisuales

Amaia Insausti

Viernes, 21 Julio 2017 18:38

En tres años en Método Madrid he aprendido lo que no he aprendido en años en otras escuelas.
En tan solo 2 años, en algún otro taller que he hecho ya recibía halagos de gente que llevaba 4 años estudiando interpretación. Todo el mundo me preguntaba dónde había aprendido interpretación.

Se aprende a escuchar.
En esta escuela, se enseña a escuchar a los otros actores, a recibir lo que el compañero hace y dice y dejarse afectar por ello. Cualquier actor que se merezca (Meryl Streep dice que lo más importante en escena es el otro) debe saber escuchar al compañero.

Uno se vuelve más receptivo y es capaz de intuir lo que los amigos y conocidos sienten en el día a día, aunque estén diciendo lo contrario.

Excelencia interpretativa.
Bonnie Morín hila muy fino, tan fino como los mejores actores de Hollywood. Se trabajan el 100% de los elementos en escena.


NO se finje.
En Método Madrid, el actor aprende a decir cualquierfrase desde el corazón o el alma, diciéndolo de verdad.


Aprendizaje 100% personalizado.
He pasado por muchas escuelas, y muchas de ellas meten a los alumnos en “masa” para hacer el mayor dinero posible en el menor tiempo posible. La escuela de Bonnie Morín sabe que la interpretación se aprende a base de practicar. Además, cada persona es diferente y tiene sus puntos débiles y sus puntos fuertes. En Método Madrid, se le dedica la atención y el tiempo necesarios a cada persona. Los alumnos nunca somos un número.


Docentes de increíble formación.
Bonnie Morín y Cristián Velarde han sido alumnos de los mejores profesores de interpretación, aunque suene pretencioso: Albert Morgenstern, Stella Adler o Peggy Feury, por ejemplo. Estos profesionales fueron los mentores de grandes artistas como Meryl Streep, Al Pacino, Dustin Hoffman o Johnny Depp.


Crecimiento personal.
Las habilidades que se trabajan no son únicamente beneficiosas para el trabajo interpretativo, sino también para el día a día: se trabaja la empatía, dejar al lado el juzgar a los demás, a caerse y levantarse, la intuición y no reprimir los sentimientos (cosa que, por experiencia propia, puedo asegurar que pasa factura).