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Estudio de Artes Escénicas y Audiovisuales

Gabriela Andrade

Viernes, 04 Marzo 2016 17:27

Gabriela Andrade Gabriela Andrade en “La institutriz”, de Anton Chéjov.

Considero que las personas vivimos al límite y no nos permitimos sentir de verdad. Concentramos nuestras energías en el quehacer rutinario y nos olvidamos de lo que realmente importa; nada más y nada menos que vivir. Las explicaciones, si es que realmente hay que darlas, vienen después.
El sentir es un arte que poco a poco ha ido desapareciendo, opacándose por banalidades del día a día, sin darnos tiempo para asimilar lo que verdaderamente se cuece “allí adentro”…aquél ser que está aún sin manipular, aquél con el que, como artista, debo comprometerme y ser lo más honesto posible, pues aceptar y abrazar las realidades de dicho ser es conocerse a uno mismo sin miedo, sin limitaciones.

Esto es lo que yo aprendo en Método Madrid, a ser siempre honesta conmigo misma. Se tiene la idea generalizada de que actuar es llevar a cabo”la representación del otro” es decir “hacer de…" o lo que es lo mismo, fingir ser algo que no eres, pero que los demás se lo crean. Pero así como un trampantojo no deja de ser sólo una ilusión óptica, una pantomima, por muy bien aprendido el cliché, no deja de ser algo vistoso por fuera pero vacío por dentro. A mi juicio, actuar es todo lo contrario. Actuar es AUTENTICIDAD, VALOR, AMOR.

Autenticidad porque cuando te metes en la piel de un personaje, no finges algo que no sientes, EMPATIZAS con el personaje y te dejas afectar por la realidad que te crea su mundo.
Es valor porque aprendes a enfrentarte a tus temores, a, casi sin quererlo, conocerte a ti mismo como nunca hubieras imaginado…y cuando descubres cosas de las que quizás en un principio habrías renegado a mirar de frente, el amor por tí mismo interviene. El amor propio acepta el contenido que nos mueve, pero también nos da la sabiduría para saber hasta dónde llegar sin hacernos daño…

Bonnie siempre nos habla en cada clase de la sabiduría o la intuición de ése “tercer ojo” que todo actor debe desarrollar; el “auto-control” que convierte situaciones de riesgo emocional, ya sean reales o imaginadas, en todo un surtido de inspiración artística y de crecimiento personal. Las situaciones complicadas se enfrentan mediante la inspiración y así se trascienden, se superan…y de pronto te das cuenta que ¡a cuánto más has dado la batalla, más has disfrutado!
Es maravilloso conocerte y disfrutar de ti mismo sin miedo a caerte, al fin de cuentas la caída es parte del proceso y de donde sacas el mayor provecho para el aprendizaje. Olvidamos que cuando caemos tenemos la opción de levantarnos; Bonnie nos enseña a aprovechar las caídas y aceptarlas sin que nos estanquemos, somos libres de caernos y aprendemos a reírnos del golpe mirando siempre lo positivo que hay detrás.

Claramente, el estilo y el tiempo empleado en las clases es muy determinante para poder entablar tal vínculo con uno mismo; y es que en estas clases prima el proceso antes que el llegar al resultado final, la personalización y adaptación a cada participante antes que el encasillamiento o la imposición de las mismas pautas para todos. Cada persona es un potencial de arte de acuerdo a sus necesidades y posibilidades, por ello es vital que cada uno trabaje de acuerdo a su ritmo, sin dejar de aprender unos de otros…
Finalmente se genera una energía grupal llena de empatía, en la que el tiempo no cuenta, y cada detalle a trabajar es importante por muy pequeño que sea, sin olvidar nada en el camino; sin olvidar que la mochila de un actor/actriz nunca deja de cargarse.

Como actriz creo que un actor nunca deja de formarse, cambiamos las personas, la sociedad, los modificadores que nos rodean no son siempre los mismos, el ser humano está en constante evolución y creo que por eso nunca dejamos de aprender. Cada ensayo es una clase más en la que siempre encuentras algo nuevo, como en la vida misma, para mi todo eso es el teatro; gracias al teatro podemos tele-transportarnos a otro tiempo, a otro espacio, otra época… El teatro, la interpretación, no es más que una llave que te abre puertas a dimensiones paralelas en las que puedes sumergirte, entrar y salir a tu antojo; como en un sueño lúcido, es la libertad de ser y hacer lo que quieras.